Es difícil pensar en un día en el que no utilicemos aplicaciones. Ya sea para consultar la previsión del tiempo, enviar mensajes a los amigos o pedir la cena, las aplicaciones nos ayudan a hacer todo tipo de cosas más fácilmente. La mayoría de la gente no se da cuenta de lo que hace que esas aplicaciones funcionen entre bastidores.
Ese trabajo oculto a menudo se reduce a algo llamado API de backend. Estas herramientas ayudan a las aplicaciones a hacer cosas como iniciar sesión, actualizar perfiles o consultar las últimas noticias sin mostrar a los usuarios todos los pasos. Esa es la magia de las API de backend en el desarrollo de aplicaciones. Hacen que todo funcione sin problemas para que los usuarios puedan centrarse en la parte divertida.
Mientras el usuario pulsa botones y se desplaza por las pantallas, las API de backend están ocupadas gestionando peticiones, manejando datos, manteniendo todo actualizado y asegurándose de que nada se rompe, incluso cuando muchos usuarios abren la aplicación a la vez.
La naturaleza invisible de estas API hace que sea fácil pasarlas por alto, pero cada vez que una aplicación responde con rapidez o carga contenido nuevo, suele deberse a una API backend que trabaja silenciosamente en segundo plano.
Este apoyo continuo permite a los desarrolladores centrarse en pulir el diseño y la experiencia del usuario sin preocuparse constantemente de mantener todas las conexiones entre bastidores.
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